19 de agosto de 2016

-

 

Tal vez deba admitir que nunca conoceré nadie como tú. No sé por qué tras tantos años todavía me sigo inundando en recuerdos en mis pequeños ratos, pero la verdad es que fueron tan bonitos que, es inevitable recordarlos y que inconscientemente se me caigan las lágrimas. Fotos, textos, mensajes, canciones, lugares, momentos, sonrisas y multitud de lloros. Tantas cosas, tantos momentos clavados en mí... Tal vez llegue la hora de decir con los ojos bien abiertos y mis labios sinceros: te echo de menos. Sí, lo hago y no sé ni por qué, tras el daño que nos hicimos. No pretendo nada con este texto, hasta me da igual quién pueda leerlo, si es que acaso lo lee alguien. Pero si fueras tú quien lo lee, ojalá me hablaras. Ojalá pudiera decirte mil y una cosas. Ojalá... Y así con un dolor en mi pecho, sólo puedo decirte que me alegro. Me alegro me alegro me alegro y me alegro tanto de tu felicidad... Me alegro tanto de que estés bien, de que seas tan feliz... 

Será tiempo de despedirme en este escrito un poco sin sentido, un poco sin salida y sin pretexto. Ojalá pudiéramos hablarnos algún día y ser lo suficientemente valientes para decirnos cara a cara lo que pensamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario